jueves, 10 de marzo de 2011

Icono de Sta Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein) 1891-1942



El icono de Edith es una imagen del misterio de la Iglesia esposa, virgen y madre, cuyo dolor maternal es inmenso como el mar y que camina a través de los remolinos de la historia brillando con la luz de la fe y apoyándose sobre la Cruz. Con su intercesión, es el significado del velo, seca el llanto de sus hijos derramando ella misma lágrimas de sangre. Edith, fascinada por el Carmelo que vive intensamente este misterio, entra en él para participar en la obra de la Redención de Cristo.

La vemos revestida del hábito de la Orden. La capa blanca, símbolo del carisma profético del Carmelo, está atada al olivo legítimo al cual Edith se ligó por la semejanza del amor. Ella es víctima, con el Cordero, para salvar a su pueblo. Su nuevo nombre: Teresa Benedicto de la Cruz, que vemos resplandecer en el oro del icono, ¿no indica, acaso, la vocación que el Señor le confió realizar? Santa teresa de Jesús fue quien la atrajo hacia la luz de la verdad plena, y la Cruz lo que la liberó radicalmente de su incredulidad.

Edith lleva el talith en su mano, para señalar la actitud de profunda adoración de su alma contemplativa y para indicar la alianza nueva y eterna que la contemplación amorosa establece entre Cristo y ella, en lo sucesivo, Teresa Benedicta de la Cruz. En la parte superior del icono distinguimos un medio círculo rodeado por el arco iris que quiere evocar el misterio de la Alianza sellado en la Sangre de Cristo: la Hetimasia (presencia del espíritu sobre la Escritura), donde el Espíritu está representado en forma de paloma. El alma en oración se coloca con Cristo bajo el dosel nupcial representado por la nube de gloria que se introduce en el medio círculo y que es el Espíritu Santo. El candelero de los siete brazos simboliza la Iglesia que se alimenta del aceite puro derramado por el Espíritu sobre sus hijos.

Herida de muerte por las serpientes de fuego del desierto materialista, Edith no fue curada más que por la serpiente de bronce en la que están encerrados todos los secretos de la sabiduría. Con ese contacto la filósofa se transformó en teóloga. Es a través de la sombra de la Cruz como Edith mira la zarza ardiente.

En la teofanía de la zarza ardiente, la misericordia divina se revela: “he visto, he visto la miseria de mi pueblo… he decidido liberarlo”. Jesús relaciona explícitamente el misterio de la Cruz con la teofanía de la zarza ardiente: “cuando hayan elevado al Hijo del hombre, entonces conocerán que yo soy”. Dios no da a conocer su Nombre inefable sino para autentificar el plan de salvación revelado a Moisés.

La hija de Israel está en el linaje de la revelación bíblica. ¿ Por qué entonces ese gesto de estremecimiento inefable que le hace perder su sandalia a semejanza del Niño Jesús delante de los símbolos de la Pasión en el icono de N. Sra. del Perpetuo Socorro? Detrás de la zarza, vemos el altar de las doce piedras: el altar del holocausto. Edith tiene un gesto de estremecimiento sagrado ante el misterio sangriento de la Pascua en la cual ella se siente llamada para participar por amor. El cráneo de Adán, situado en la gruta donde está enraizado el olivo legítimo está vuelto hacia este altar de donde brota la vida. Pero Edith no deja de experimentar la agonía: ella está en Getsemaní ante la perspectiva del “dolor grande como el mar” del que hablan las Lamentaciones. Con todo,  el fuego que quemará su holocausto será el de la zarza: lejos de aniquilarla, la transformará en Él mismo, en gloria.

Edith nación un 12 de octubre, día del Yom Kippur, de la grande expiación, que permitía al Sumo Sacerdote penetrar, una vez al año, en el santuario. El icono la representa como el macho cabrío expiatorio cargado de los pecados del pueblo y lanzado al desierto. Ella avanza hacia el sacrificio porque está ligada por su capa al olivo legítimo: “el destino de ese pueblo se convirtió en mi herencia”, escribirá ella en sus memorias antes de dejar el Carmelo de Colonia.

Santa teresa Benedicta tiene la Cruz con una mano que bendice. Este gesto de bendición, que recuerda el nombre de Cristo, es una promesa y prenda del “regreso” de Israel, preludio de la venida gloriosa del Mesías. Si se llama en la vida religiosa Teresa Benedicta de la Cruz es porque su misión es la de esparcir esta bendición por esta cruz.

(Atelier du Carmel de la Théotokos – Harissa – Liban)

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