domingo, 12 de octubre de 2008

Motivaciones para ser Misionero

El sacerdote Víctor Manuel Fernández, sacerdote de la diócesis de Río Cuarto (Córdoba) colaboró como perito en la V Conferencia del Episcopado latinoamericano en Aparecida (2007) y participó en la redacción del Documento conclusivo. Como respuesta al mandato de Aparecida : "Asumimos el compromiso de una gran misión en todo el Continente, que nos exigirá profundizar y enriquecer todas las razones y motivaciones que permitan convertir a cada creyente en Discípulo misionero" (362), nos ofrece su libro "Quince motivaciones para ser misioneros" publicado por la Editorial Claretiana. Su objetivo es ofrecernos varias razones y motivaciones para que asumamos nuestro compromiso misionero y lo vivamos con gusto, profundidad y alegría.

Le agradecemos enormemente por habernos permitido publicar algunos fragmentos de dicho libro:



Motivación 1


El amor que habla
El amor de Cristo nos apremia (2Cor5,14)

Cuando alguien se enamora y se siente cautivado por otra persona, necesita hablar de ella. Por más que trate de contenerlo, su nombre le viene a los labios, disfruta contando cosas del ser amado y le brillan los ojos cuando dice su nombre. No puede ocultar que está enamorado.
Si nos hemos dejado cautivar por alguien tan bellos como Jesucristo, entonces nos sucede lo mismo. ¿Cómo evitar hablar de él? ¿Cómo no desear que lo conozcan, que lo quieran, que lo descubran?
Si uno de verdad ha hecho una experiencia de ese amor, no necesita esperar mucho tiempo para salir a anunciarlo, no puede esperar que le den cursos o largas instrucciones. Inmediatamente desea hablar de lo que ha encontrado y quiere comunicarlo a los demás. Los primeros discípulos, después de encontrarse con la mirada de Jesús, salían a gritarlo: "¡Hemos encontrado al Mesías!" (Jn 1,41).
A partir de la convicción serena y feliz de ser amados por Cristo, nosotros somos misioneros. Hemos recibido un bien que no queremos ni podemos guardar en la intimidad y, por eso, "anunciamos a nuestros pueblos que Dios nos ama, que su existencia no es una amenaza para el hombre" (DA,30).
La primera motivación para ser misioneros es el amor de Jesús que hemos recibidos y el amor que sentimos hacia él.

Motivación 2

La belleza del evangelio
"Lo que hemos visto y oído es lo que les anunciamos a ustedes" (1 Jn1,3)

La mejor motivación para decidirse a comunicar el evangelio es contemplarlo, es detenerse en sus páginas y leerlo con el corazón. Si lo abordamos de esa manera, su belleza nos asombra.
Para eso hace falta recobrar un espíritu contemplativo, un corazón abierto que dedique tiempo a considerar los pequeños detalles de Jesús, que nos muestra el Evangelio. Así nos damos cuenta de que vale la pena comunicar esa riqueza. Somos depositarios de un tesoro que humaniza, que ayuda a llevar una vida nueva. No hay otra cosa mejor para transmitir a los demás.
Si alguien realmente se ha detenido a orar con el evangelio, sabe que nos es bueno privar a los demás de una hermosura que vale la pena conocer y disfrutar. Para que ellos lo descubran, tendremos que usar nuestra creatividad, nuestra delicadeza y nuestra mejor sensibilidad, tratando de presentar el evangelio de tal manera que dejemos ver su atractivo. Se tratar de "una pastoral que tenga en cuenta la belleza en el anuncio de la Palabra y en las diversas iniciativas ayudando a descubrir la plena belleza que es Dios" (DA 518)


Motivación 3

Asumir las necesidades más profundas de la gente
"Lo que ustedes adoran sin conocer es lo que les vengo a anunciar" (Hch 17,23)

A veces, creemos que el Evangelio es hermoso, pero sentimos que la gente quiere otra cosa, que tienen otros interese. Por lo tanto, perdemos el entusiasmo por la misión.
Olvidamos que, en realidad, el evangelio es lo que los demás necesitan para ser felices, para crecer, para realizarse como seres humanos. Nosotros creemos que el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas, porque han sido creadas para que lo que el evangelio nos propone: La amistad con Jesús y el mandamiento del amor.
No hay que olvidar nunca esto: no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo; no es lo mismo caminar con él que caminar a tientas; no es los mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra, no es lo mismo poder contemplarlo, adorarlo, descansar en él, que no poder hacerlo. No es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo sólo con la propia razón. Sabemos que la vida con él se vuelve mucho más plan y que con é es más fácil encontrarle un sentido a todo. Por eso, somos misioneros.

Motivación 4

Liberar a los demás de las esclavitudes y engaños
"Para ser libres nos liberó Cristo" (Gál5,1)

La tarea misionera es liberadora. Si somos misioneros de corazón nos convertimos en personas liberadoras, o mejor, en instrumentos de Jesús liberador.
Cuando anunciamos el Evangelio, ayudamos a la gente a descubrir las falsas propuestas que reciben del mundo.
Anunciarles el Evangelio es ayudarles a descubrir lo que realmente vale la pena, para que sepan decir que no a los que quieren esclavizarlos, engañarlos o aprovecharse de ellos, para que se liberen de esa maquinaria infernal que los adormeces y no les permite desarrollarse ampliamente. Ser misionero es convertirse en un liberador de esclavos.
Para ser misioneros, necesitamos vivir nosotros mismos esta experiencia de liberación. Hace falta detenernos en la oración para entregarle a Jesús las cosas que nos esclavizan y que esclavizan a nuestra comunidad.

Motivación 5

La pasión por extender el Reino de Dios
" Proclamen que el Reino de los cielos estás cerca" (Mt 10,7)

Un misionero es alguien entusiasmado con el Reino de Dios, porque junto con Jesús está su Reino. La tarea misionera está al servicio de ese Reino, porque yo no puedo amar a Jesús y rechazar la obra que él quiere hacer en el mundo. Si amo a Jesús amo también su proyecto y me entrego a él generosamente.
¿Qué es el Reino? Es lo que surge cuando Jesús reina en un lugar con justicia, liberando de toda injusticia; cuando él reina con su amor, liberándonos de todo lo que nos separa; cuando él reina con su paz, liberándonos de aquello que nos perturba y entristece. Los misioneros no sólo queremos que los demás conozcan a Jesús. También deseamos que este mundo sea transformado por la fuerza, la luz y la vida del Resucitado. Por eso, buscamos su Reino.
Un misionero es alguien que se ha apasionado por el Reino, porque no sólo ama a Jesús. También ama la tierra, también ama este mundo que Dios le ha regalado. Por eso, para ser misionero necesitamos sanar toda actitud resentida con el mundo, pero también toda falsa espiritualidad que nos encierre en cosas demasiado pequeñas, íntimas, privadas. Hace falta pedirle al Espíritu que rompa nuestras paredes cerradas y nos amplíe la mirada, para enamorarnos del mundo y transformarlo con la fuerza del Reino.


1 comentario:

  1. solo Dios solo Dios solo El...en la desesperanza...en la noche de ls fe...en la alegria del recien nacido ...siempre y en todo SOLO EL

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