miércoles, 12 de septiembre de 2012

CUANDO LA PALABRA DE DIOS SE VUELVE PROYECTO DE VIDA


LA PALABRA ILUMINA EL PROYECTO DE VIDA: LUZ PARA SEGUIR EL CAMINO

La “luz” en la Biblia también es imagen de vida. ¿Recordás que la primera realidad que viene a la existencia en el maravilloso poema de la creación es la luz? La luz genera Vida (Gn 1, 3). Jesús mismo fue comparado con esa Luz: “En él estaba la vida, y la vida era luz de la humanidad. Esta luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no han podido apagarla” (Jn 1, 4-5).

Luego el mismo, como Palabra encarnada nos va a invitar a caminar bajo su Luz: “Yo soy la Luz del mundo; el que me sigue, tendrá la luz de la vida, y nunca andará en la oscuridad” (Jn 8, 12), por que “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Solamente por mi se puede llegar al Padre” (Jn 14, 6).
Para que descubramos un poco más el alcance que tiene esta propuesta de Jesús, observemos cuidadosamente lo que dice la oración del Salmo 119, 1-3:

“Felices los que se conducen sin tacha
 y siguen la enseñanza del Señor.
Felices los que atienden sus mandatos

 y lo buscan de todo corazón,
 los que no hacen nada malo,
los que siguen el camino del Señor.”
El aprendizaje de la Palabra del Señor se traduce en un “seguir el camino del Señor”. Aquí el termino “camino” describe una dinámica  de vida y es una manera de referirse al proyecto de vida, al hacer historia mediante las opciones éticas que cada uno va tomando. El texto dice al principio que “se conducen sin tacha”, es decir en la integridad de vida.

Se delínea un itinerario de crecimiento personal que estructura la existencia y la hace un proyecto concreto que se configura a partir de las orientaciones que da el Señor. Dios aparece aquí como un “papá-maestro” que no solo da vida biológica sino también vida-proyecto que permite su realización plena, con solidez y durabilidad.

La imagen inicial de “camino” no se agota en este salmo. En el Nuevo Testamento los cristianos serán llamados “los que seguían el nuevo camino” (Hch 9,29) y el “Camino” por excelencia es Jesús (Jn 14, 5).

Pensemos lo que implica esto… Mirá lo que sucede en este versículo: “Felices los que atienden a sus mandatos y lo buscan de corazón” (Sal 119, 2). Aprendemos de la Palabra que se aprende no sólo “oyéndola” sino ante todo “practicándola”.

Se trata ante todo de “retener”, de “arraigar” la propuesta de Dios. Esto es posible gracias a una fuerte decisión que nace del “corazón”, es decir de la conciencia y del amor; y que se tranforma enseguida en una “búsqueda” continua, con todo el ser.

La vivencia de la Palabra no es solamente una aplicación formal de mandamientos sino mucho más…UNA BÚSQUEDA DE DIOS “CON TODO EL CORAZÓN”…Es un ejercicio de Amor.

(Fuente: “Manual de Lectio Divina para jóvenes)

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