sábado, 30 de julio de 2016

El cuento de Jim, reportándose


Una vez un sacerdote estaba dando un recorrido por la Iglesia al mediodía… al pasar por el altar decidió quedarse cerca para ver quien había venido a rezar. En ese momento se abrió la puerta, el  sacerdote  frunció el entrecejo al ver a un hombre acercándose por el  pasillo; el hombre estaba sin afeitarse desde hace varios días, vestía una camisa rasgada, tenía el abrigo gastado cuyos bordes se habían comenzado a deshilachar. El hombre se arrodilló, inclinó la cabeza, luego se levantó y se fue.
Durante los siguientes días el mismo hombre, siempre al mediodía,  estaba en la Iglesia cargando una maleta… se arrodillaba brevemente y luego volvía a salir. El sacerdote, un poco temeroso, empezó a  sospechar que se tratase de un ladrón, por lo que un día se puso en  la puerta de la Iglesia y cuando el hombre se disponía a salir le  pregunto: "¿Qué haces aquí?".

El hombre dijo que trabajaba cerca y tenía media hora libre para  almuerzo y aprovechaba ese momento para orar, "Solo me quedo unos  instantes, sabe, porque la fábrica queda un poco lejos, así que solo me arrodillo y digo: Señor, solo vine nuevamente para contarte cuan  feliz me haces desde
que te encontré a través de mis semejantes y  cuando me liberas de mis pecados… no se rezar muy bien, pero pienso en Ti todos los días… así que Jesús, este es Jim reportándose".
El Padre, sintiéndose un tonto, le dijo a Jim que estaba bien y que  era bienvenido a la Iglesia cuando quisiera. El sacerdote se  arrodilló ante el altar, sintió derretir su corazón con el gran calor  del amor y encontró a Jesús. Mientras las lágrimas corrían por sus  mejillas, en su corazón repetía la plegaria de Jim:
"SOLO VINE PARA DECIRTE, SEÑOR, CUAN FELIZ FUI DESDE QUE TE ENCONTRÉ A TRAVÉS DE MIS SEMEJANTES Y ME LIBERASTE DE MIS PECADOS… NO SE MUY BIEN COMO REZAR, PERO PIENSO EN TI TODOS LOS DÍAS…. ASÍ QUE JESÚS,  SOY YO REPORTÁNDOME".

Cierto día el sacerdote notó que el viejo Jim no había venido. Los  días siguieron pasando sin que Jim volviese para rezar. Continuaba  ausente, por lo que el Padre comenzó a preocuparse, hasta que un día  fue a la fábrica a preguntar por él; allí le dijeron que él estaba  enfermo, que pese a que los médicos estaban muy preocupados por su estado, todavía creían que tenía un chance de sobrevivir.
La semana que Jim estuvo en el hospital trajo muchos cambios, el sonreía todo el tiempo y su alegría era contagiosa. La enfermera en Jefe no podía entender por qué Jim estaba tan feliz, ya que nunca había recibido ni flores, ni tarjetas, ni visitas.

El sacerdote se acercó al lecho de Jim con la enfermera, y esta le dijo, mientras Jim escuchaba:
"Ningún amigo ha venido a visitarlo, él no tiene a donde recurrir".
Sorprendido, el viejo Jim dijo con una sonrisa: La enfermera está  equivocada… pero ella no puede saber que TODOS LOS DÍAS, desde que  llegué aquí, a MEDIODÍA, un querido amigo mío viene, se sienta aquí en la cama, me agarra de las manos, se inclina sobre mí y me dice:
"SOLO VINE PARA DECIRTE, JIM, CUAN FELIZ FUI DESDE QUE ENCONTRÉ TU AMISTAD Y TE LIBERE DE TUS PECADOS. SIEMPRE ME GUSTO OIR TUS PLEGARIAS, PIENSO EN TI CADA DÍA… ASÍ QUE JIM, ESTE ES JESÚS REPORTÁNDOSE".


P.D.: Ahora, cada día, no podemos perder la oportunidad de decirle a Jesús: “Aquí estoy Señor, soy yo, REPORTANDOME…”

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