viernes, 3 de junio de 2011

"Llegar a la Vejez con dignidad"

La vida no es solo un tiempo transcurrido en un lugar determinado. Los seres humanos nos damos cuenta de cómo se pasa cuando sentimos que  se acaba y que va llegando a su final. El ver el paso del tiempo en otros hermanos es muchas veces doloroso, ver sus cuerpos desgastados, sus rostros sufridos, me hacen pensar en la manera más estimable de poder acompañarlos en los últimos momentos de sus vidas.
Escucharlos y animarlos se torna una tarea constante en la que hay que luchar con ellos para que logren comprender el inmenso amor y la misericordia con que Dios los ama. Sentir el peso de la vida los lleva a descansar en Él, encomendándole toda su existencia y esperando el llamado para el encuentro definitivo.
 No puedo imaginarme todo lo que pasa por sus mentes cuando pierden sus miradas  en un horizonte imaginario, y sumergidos en un silencio que se apodera de ellos, al mirar el brillo de sus ojos me hace pensar que están viendo a Dios que les habla y anima a soportar con amor todo lo que están padeciendo. Es en ese momento que me uno a ellos en una oración profunda y silenciosa, a veces en una súplica y otras una acción de gracias por sus vidas, por todo lo que ya han vivido y por lo que esperan.
   Llegar a la vejez no es una tarea fácil, siento que comienza desde el presente y que correrá por nuestra cuenta hacerla digna de envejecer junto a Dios, que no deja de estar a nuestro lado.
  Cuando el peso de los años se hace sentir y ya los cuerpos no resisten, es necesario confiar en Dios dicen, porque es en él que verdaderamente se encuentra fortaleza.                                                                                                                                 Hoy, al compartir mi vida con ellos, descubro lo importante que es estar a su lado cuando más lo necesitan, caminar con ellos, compartir un mate, una mirada, una sonrisa, dedicarles un instante del tiempo y escuchar cuanto tengan que decir, descubro así que dándome a los demás aprendo mejor a amar.
Manifiestan con sus miradas un cariño que no logran expresar con palabras, Dios en ellos habla desde lo más hondo reclamando un poco de amor. He visto aún savia nueva en sus corazones, sabiduría que deja huellas en el camino y que son reflejo de un futuro. Comprender sus debilidades y limitaciones me hace descubrir el valor de acompañarlos sabiendo que ya caminaron demasiado por la vida.
Gracias Señor por este testimonio de vida que los abuelos del hogar comparten conmigo, porque siento que en ellos te has ido manifestando de una manera admirable; he visto cómo buscan tu rostro y con que alegría esperan la felicidad eterna. En ellos me has dado una lección: comprender el verdadero sentido y la confianza puesta sólo en Vos, sintiendo fuertemente que tu palabra se cumple cada vez que pronuncio “Tú no abandonas la obra de tus manos”.
                                                             Fraternalmente. Hna. Verónica.cm

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