martes, 13 de octubre de 2015

La Contemplación y el Carmelo IV


La contemplación inmersa en el presente y el futuro

Ya de entrada, en la introducción decíamos que el carmelita, por auténtica vocación contemplativa debe entender su tarea en la transformación del mundo del presente y del futuro. El contemplativo no es otra cosa que un dinamizador de la historia que le da al presente posibilidades reales de futuro. Por mucho tiempo la contemplación ha sido vestida de términos ambiguos que nos han ocultado su alma, su verdad, su auténtica transparencia, su posibilidad. No hicieron otra cosa nuestros Santos Padres Teresa de Jesús y Juan de la Cruz que descontaminar el término y mostrar la realidad de la experiencia. Nos toca a nosotros, carmelitas de hoy y de mañana, echar mano de la herencia valiosa dejada por ellos y reconocida por la historia para ponerla a producir en un presente lleno de seres tan necesitados de descubrir la verdadera imagen de Dios en sí mismos y en todo lo que les rodea. Si es así, para mañana la riqueza será mayor y asegurará un futuro cierto que ahora es incierto porque incierto es el presente.

Teresa, Juan y todos los místicos de nuestra Familia nos muestran con su experiencia maestra y
siempre actual que el Carmelo, la Iglesia y el mundo de hoy necesitan de verdaderos contemplativos, que siendo testigos directos “hagan constatación de las acciones de Dios en la historia personal y colectiva que Él corrige, centra y acelera”.

Precisamente hoy estamos viviendo el despertar de la conciencia por la valoración y respeto de los recursos que en la creación nos ha otorgado Dios. Unos recursos despilfarrados por siglos en beneficio propio y en detrimento de los demás. Es ahí donde el contemplativo, como descubridor de las “mil gracias” de Dios derramadas, de las criaturas que vestidas dejó de su hermosura, hará su misión de ayudar a purificar la mirada de los hombres para que, como él puedan descubrir al Dios Amor presente y actuante en la historia y que es más íntimo que la propia intimidad.

El contemplativo es sacramento permanente del Carisma que nació en las cuevas del Monte Carmelo. Del Carisma enriquecido y afianzado por Teresa de Jesús y Juan de la Cruz. Es también sacramento viviente del ser orante, del ser cristiano que desea llegar a la unión plena con Dios, a la relación del Tú a tú con Él.

Despertemos, los que estamos dormidos, a la sublime vocación contemplativa con la disposición necesaria, atentos por si Dios nos llama, porque por dormidos puede que no estemos escuchando su llamada. Sigamos haciendo de la contemplación, como lo dijo Santa Teresa, un alto servicio a la Iglesia. Y también un alto servicio al mundo de hoy y de mañana. Y, que a través de nosotros siga siendo fuerte raíz del Carisma Carmelitano.


Para terminar… Una Oración

Aumenta, Señor, el número de los verdaderos contemplativos, rastreadores de tus huellas en nuestro mundo. Multiplica los hombres y mujeres silenciosos y alegres, pobres y generosos, profundos y comunicativos, que atraviesan con su mirada el espesor del mundo y de la historia y terminan sorprendiéndote a cada paso porque llevan tu presencia en el corazón y tu imagen en la retina de sus ojos. Tú sabes, Señor, que este mundo nuestro necesita contemplativos. Amén.

(Fuente: portalcarmelitano)

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