jueves, 1 de noviembre de 2007

EDITH STEIN

"Quien viene a mí, deseo conducirlo a Él ".

"Nos inclinamos profundamente ante el testimonio de la vida y la muerte de Edith Stein, hija extraordinaria de Israel e hija al mismo tiempo del Carmelo, sor Teresa Benedicta de la Cruz; una personalidad que
reúne en su rica vida una síntesis dramática de nuestro siglo. La síntesis de una historia llena de heridas profundas que siguen doliendo aún hoy...; síntesis al mismo tiempo de la verdad plena sobre el hombre, en un corazón que estuvo inquieto e insatisfecho hasta que encontró descanso en Dios". (Juan Pablo II)

Biografía: Nació en Breslau el 12 de octubre de 1891, la familia festejaba el Yom Kippur, la mayor fiesta hebrea, el día de la expiación. Esta fecha de su nacimiento fue para la carmelita casi un vaticinio.
Edith perdió la fe en Dios. La madre, una mujer muy religiosa, solícita y voluntariosa, una persona verdaderamente admirable, al quedarse sola, debió hacer frente tanto al cuidado de la familia como a la gestión de la gran hacienda familiar; pero no consiguió mantener en los hijos una fe viva.
En 1911 y comenzó a estudiar germanística e historia en la Universidad de Breslau, 1913, la estudiante Edith Stein se fue a Gottinga para asistir a las clases universitarias de Edmund Husserl, de quien llegó a ser discípula y asistente, consiguiendo con él el doctorado "summa cum laude" con una tesis "Sobre el problema de la empatía "..
Al estallar la primera guerra mundial siguió un curso de enfermería y prestó servicio en un hospital militar austríaco. Atendía a los ingresados en la sección de enfermos de tifus y prestaba servicio en el quirófano, viendo morir a hombres en la flor de su juventud.
En el verano de 1921 fue durante unas semanas a la finca de la Señora Hedwig Conrad-Martius, una discípula de Husserl. Esta señora, junto con su esposo, se había convertido al Evangelio. Una tarde Edith encontró en la biblioteca la autobiografía de Teresa de Ávila. La leyó durante toda la noche. "Cuando cerré el libro, me dije: esta es la verdad". Considerando retrospectivamente su vida, escribía más tarde: "mi anhelo por la verdad era ya una oración".
En enero de 1922 Edith Stein se bautizó. Inmediatamente después de su conversión aspira a entrar en el Carmelo, pero sus consejeros espirituales le impiden dar este paso.
En 1933 se presenta a la Madre Priora del Monasterio de Carmelitas de Colonia. "Solamente la pasión de Cristo nos puede ayudar, no la actividad humana. Mi deseo es participar en ella".
Una vez más Edith fue a Breslau para despedirse de su madre y de la familia. El 12 de octubre fue el último día que pasó en su casa, el día de su cumpleaños y, a la vez, la fiesta hebrea de los tabernáculos. A la mañana siguiente Edith tomó el tren para Colonia. "No podía tener una alegría arrebatadora. Era demasiado tremendo lo que dejaba atrás. Pero yo estaba tranquilísima, en el puerto de la voluntad de Dios".
Desde aquel momento Edith Stein llevará el nombre de Sor Teresa Benedicta de la Cruz. El 21 de abril de 1935 hizo los votos temporales. En el recordatorio de su profesión perpetua, el 21 de abril de 1938, hizo imprimir las palabras de San Juan de la Cruz, al que dedicará su última obra: "que ya sólo en amar es mi ejercicio ".
El 9 de noviembre de 1938 se puso de manifiesto ante todo el mundo el odio que tenían los nazis a los judíos. Hacen todo lo posible para llevar al extranjero a Sor Teresa Benedicta de la Cruz. La noche de fin de año de 1938 cruza la frontera de los Países Bajos y la llevan al monasterio de Carmelitas de Echt, en Holanda.
El 2 de agosto de 1942 llega la Gestapo. Edith Stein se encuentra en la capilla con las otras Hermanas. En cinco minutos debe presentarse, junto con su hermana Rosa, que se había bautizado en la Iglesia Católica y prestaba servicio en las Carmelitas de Echt. Las últimas palabras de Edith Stein que se oyen en Echt están dirigidas a Rosa: "Ven, vayamos, por nuestro pueblo". Al amanecer del 7 de agosto sale una expedición de 987 judíos hacia Auschwitz. El 9 de agosto Sor Teresa Benedicta de la Cruz, junto con su hermana Rosa y muchos otros de su pueblo, murió en las cámaras de gas de Auschwitz.
Con su beatificación en Colonia el 1 de mayo de 1987, la Iglesia rindió honores a "una hija de Israel, que durante la persecución de los nazis ha permanecido, como católica, unida con fe y amor al Señor Crucificado, Jesucristo, y, como judía, a su pueblo ".Edith Stein fue canonizada el 11 de octubre de 1998, en una sencilla ceremonia.
Teresa, con su testimonio de vida nos invita a:
*que procuremos vivir con intensidad la sinceridad y honradez.
*que estemos dispuestos a oír la voz del Señor aunque haga cambiar nuestra vida.
*que nos enamoremos de la cruz como medio de salvación.
*que seamos fieles hasta el final aunque sea con el martirio.
Al entrar en contacto con esta mujer de nuestro tiempo, se despierta en nosotros una nueva lectura de la historia: nada acontece por casualidad. Todo está en las manos de Dios. En estas manos del Padre nos podemos abandonar, con la confianza cierta de estar bien cuidados. En una carta nos dejó este pensamiento: “Y para lo que venga, hoy no se puede preparar una. Así que llevamos tranquilamente nuestra vida, y dejamos el futuro a Aquel que únicamente conoce la respuesta”.
Dios va tejiendo en medio de nuestra realidad su historia de encuentro con el hombre, al igual que un artesano, ningún hilo es improvisado, cada uno tiene su sentido, ya está trazado en sus planes: "lo que no estaba en mis planes estaba en los planes de Dios. Arraiga en mí la convicción profunda de que -visto desde el lado de Dios- no existe la casualidad; toda mi vida, hasta los más mínimos detalles, está ya trazada en los planes de la Providencia divina y, ante los ojos absolutamente clarividentes de Dios, presenta una coherencia perfectamente ensamblada".
Edith Stein, muy amiga de Dios, con frecuencia se metía en su corazón se retiraba a lugares solitarios para conocer su voluntad y buscar caminos de salvación para su pueblo. En uno de sus escritos que lleva por título “Los caminos del silencio interior” nos dejó su testimonio de cómo comenzar el día siendo felices. Nos invita a conocer nuestra propia interioridad para abrirnos a la gracia y aceptar con disponibilidad la voluntad de Dios en cada amanecer. Las obligaciones y preocupaciones del día se acumulan en nuestro entorno en el momento de despertarnos por la mañana, si es que no interrumpieron ya la tranquilidad de la noche.
En ese momento se plantean ya cuestiones tan incómodas como estas: ¿Cómo puedo sobrellevar tantas cosas en un solo día? ¿Cuándo podré hacer esto o aquello? ¿Cómo puedo solucionar tal o cual problema?
“Mi primera hora en la mañana le pertenece al Señor. Hoy quiero ocuparme de las obras que el Señor quiere encomendarme y El me dará la fuerza para realizarlas. De esa manera quiero subir al altar del Señor. Aquí no está en juego mi propia persona o mis cuestiones personales, pequeñas y sin importancia, aquí se trata de la gran ofrenda expiatoria. Yo puedo participar de ella para purificarme y llenarme de alegría y para ofrecerme en el altar con todas mis obras y mis sufrimientos. Y cuando recibo luego al Señor en la comunión puedo preguntarle: Señor ¿qué quieres de mí? En ese momento me decido a realizar aquello que, después de un diálogo silencioso con Dios, considero que es mi próxima empresa. Una profunda paz inundará mi corazón, y mi alma se vaciará de todo aquello que pretendía perturbarla y sobrecargarla”.
“Dios, por boca de los profetas, me dice que me es más fiel que mi padre y que mi madre, que él es el mismo amor. Entonces reconozco lo razonable de mi confianza en el brazo que me sostiene, y la estupidez de mi temor de caer al vacío, a menos que yo mismo no me suelte del brazo que me sostiene."
“Lo que nosotros podemos y tenemos que hacer es: abrirnos a la gracia. Esto significa renunciar totalmente a nuestra propia voluntad, para entregarnos totalmente a la voluntad divina, poniendo nuestra alma, dispuesta a recibirle y dejarse modelar por El, en las manos de Dios. Este es el contexto primario que nos permite vaciarnos de nosotros mismos y alcanzar un estado de paz interior.”

PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL
- ¿Cómo cuidas tu interioridad? - ¿Cómo vives la primera hora de tu mañana?
- A lo largo del día te haces tiempo para encontrar a Dios? - ¿Dónde lo buscas? - ¿Qué recursos empleas en momentos tensos?
Te proponemos que escribas una pequeña oración, con la que te gustaría comenzar tu día cada mañana al despertar. Esto puede enriquecer tu oración.

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