lunes, 20 de octubre de 2008

¡Ay de mí, si no predicara el Evangelio!

El pasado domingo 12 de octubre, celebramos la Jornada Mundial de las Misiones. Una vez al año, la Iglesia se detiene para reflexionar sobre la urgencia de anunciar el Evangelio a todo el universo. Llenar del mensaje divino a la humanidad y a todos los rincones del mundo.

¿Quién como Pablo para marcarnos el camino del compromiso misionero?

El papa Benedicto XVI no dudó en afirmarlo, en su mensaje escrito para la ocasión: Como modelo de este compromiso apostólico, deseo indicar de manera particular a san Pablo, el Apóstol de los gentiles, pues este año celebramos un jubileo especial dedicado a él. Es el Año paulino, que nos brinda la oportunidad de familiarizarnos con este insigne Apóstol, que recibió la vocación de proclamar el Evangelio a los gentiles, según lo que el Señor le había anunciado: "Ve, porque yo te enviaré lejos, a los gentiles” (Hech 22, 21). ¿Cómo no aprovechar la oportunidad que este jubileo especial ofrece a las Iglesias locales, a las comunidades cristianas y a cada uno de los fieles, para propagar hasta los últimos confines del mundo el anuncio del Evangelio, "fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree?” (Rom 1, 16).
En nuestra entrega anterior, subrayábamos el llamado de Pablo, y la de aquellos que Dios elije, para cumplir con su proyecto de salvación. Continuando con el tema, dejamos claro hoy que todo llamado tiene un “para qué”. No hay llamados en el aire. Cuando existe un llamado divino, vale decir que no sea un simple deseo humano, nos indica la tarea y la dirección de lo que hay que hacer. Si miramos al Apóstol, Dios le confía la misión de llegar a los gentiles, saliendo de los confines de Israel. Es invitado a partir a otros pueblos.
Muchos ya se han preguntado: ¿Qué hubiera sucedido, si Pablo no hubiese comprendido su propia misión específica dentro de la Iglesia naciente? Pensemos que, desde niño, había sido formado en una religión llena de leyes y de santo respeto por las costumbres de sus ancestros. Tenía todo para quedarse encerrado en su propio mundo y nicho religioso. Sin embargo, comprendió que Dios lo llamaba a caminar de ciudad en ciudad, llevando la Buena Noticia de Aquél que le cambió la vida.
Toda vocación, lo decíamos oportunamente, es un misterio… misterio que encierra también la misma misión confiada. En su primera carta a los Corintios, Pablo expresaba: ¡Ay de mí, si no predicara el Evangelio! (9, 16). En este grito, encontramos su dolor por comprender y responder al misterio de su llamado. De frente a Quien lo llama, no puede contestar con frases dispersivas: déjame que lo pienso mejor, mañana te respondo, antes quisiera resolver algunos problemas. Cuántas veces Pablo habrá exclamado en su comunicación con Dios: Señor, tú me amas y me llamas. Aquí estoy. En tu nombre parto a Jerusalén, a Antioquia, a Éfeso, a Corintio, a Roma… Ahora comprendo por qué tu Espíritu me sopla que es más urgente partir a Macedonia…
Es importante comprender el “para qué” del propio llamado vocacional. Sin mirar para un costado o intentando dar respuestas genéricas. Ni repitiendo historias, ya que Dios no repite llamados. A cada uno le tiene reservado el suyo.
Tendemos a mirar las estadísticas, y, hasta un cierto punto, está bien, pero en ellas encontramos sólo la suba o la caída del número de vocaciones, de los seminaristas y de los consagrados/as, o de los abandonos vocacionales. Con todo, quede claro que, para que el Reino de Dios crezca, no importan los números estadísticos, más valen las respuestas de amor, por cumplir con la propia misión confiada. Nadie puede sentirse obligado a ser misionero sólo por falta de gente, sino en la respuesta libre a la fuerza de Dios en quien elige. Aquí está el secreto de Pablo, Dios lo eligió y le indicó el camino, él respondió generosamente. Un camino que, en este Año Paulino, no podemos pasar por alto.
Desde aquí, te invito a preguntarte:
  1. Si sientes que Dios te llama, ¿cuáles son tus respuestas concretas?
  2. ¿Quién y qué te ayuda a entender tu “para qué”?
  3. ¿Qué sientes, o intuyes, que Dios te está pidiendo para hoy y mañana?
por Martín Dolzani
Responsable Pastoral Vocacional Sociedad de San Pablo


Publicado en www.san-pablo.com.ar







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