martes, 26 de junio de 2012

¡Empuja!


LA ROCA

Un minero dormía cuando de repente una luz ilumino su estancia y se le apareció Dios. El Señor le dijo que tenía un trabajo para él y le enseñó una gran roca dentro de su mina. Luego le explicó que debía empujar la piedra con todas sus fuerzas. Y el hombre hizo lo que el Señor le pidió.

Por mucho tiempo, día a día, desde que salía el sol hasta el ocaso, el hombre empujaba la fría piedra con todas sus fuerzas…y esta ni se movía. Todas las noches el buen hombre regresaba muy cansado y sintiendo todos sus esfuerzos habían resultado en vano. Total que empezó a sentirse frustrado, y fue entonces cuando Satanás decidió entrar en juego trayéndole pensamientos frustrantes a la mente:
-          “Has estado-le dijo- empujando esa roca durante demasiado tiempo y no se ha movido ni un milímetro”
-          “¿Por qué esforzarse tanto en algo tan imposible? No hagas caso de esas promesas de Dios”

El hombre pensó en olvidarse del mandato divino pero antes de hacerlo decidió elevar una última oración  al Señor y confesarle sus sentimientos:

-          
“Señor, -le dijo- ya has visto cómo he trabajado de duro por mucho tiempo haciéndote caso. He empleado toda mi fuerza para conseguir lo que me pediste, pero aun así, no he podido mover ni un milímetro ¿Qué pasa? ¿Por qué he fracasado?. Fue cuando el Señor respondió con compasión y ternura:

-          “Querido hijo: cuando te pedí lo que tú aceptaste, te dije que tu tarea consistía en empujar la roca con todas tus fuerzas, y lo has hecho. Nunca dije que esperaba que la movieras. Tu tarea era… ¡empujar! Ahora vienes a mi sin fuerzas a decirme que has fracasado, pero, ¿en realidad fracasaste?
Mírate ahora: tus brazos están robustecidos y musculosos, tu espalda esta fuerte, tus manos callosas y endurecidas por la constante presión, tus piernas se han vuelto más capaces de sostenerte, tu carácter más sufrido. A pesar del aparente fracaso, tus capacidades son mayores de las que nunca tuviste. Cierto no has movido la roca, pero tu misión era sólo empujar y confiar en mi. Y eso lo has conseguido. Ahora, querido hijo…¡Yo moveré la roca!

Cuando todo parezca que te va mal, vos sólo… ¡empuja!
Cuando estés agotado por el trabajo, vos sólo…¡empuja!
Cuando la gente no te comprenda o las cosas no te resulten como esperabas, vos sólo… ¡empuja!
Y seguí esperando con humildad, confianza y perseverancia!

(Fuente: Revista Orar)

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