miércoles, 26 de julio de 2017

Quiero ser Carmelita Misionera para siempre porque…

Jesús un día, tocó mi puerta salió a mi encuentro y me invitó a seguirlo, así como era, desde lo que soy y tengo, desde mis limitaciones, y miedos, desde mi fragilidad  y pobreza, desde las virtudes que me ha regalado y desde los sueños que ha inspirado a mi corazón. Tan solo me llamó para estar con él y darlo a conocer.

Al principio no entendía su elección pero con el correr del tiempo voy comprendiendo que me llamó, porque escuchó el clamor de su Pueblo, el clamor de tantos hermanos que están sufriendo, de tantos  inmigrantes expulsados de su tierra pidiendo libertad, de tantos niños tristes que ya no sonríen, para ayudar a  jóvenes que han dejado de luchar perdiendo la capacidad de soñar y ayudar a adultos desconsolados y a  mujeres que se sienten sin valor por ellas mismas, olvidando su dignidad. 

A través de estas experiencias se va formando mi corazón día a día, más que la teoría porque solo entrar en contacto con diferentes realidades sociales y culturales, me ayuda a humanizarme desde adentro, a valorar lo que tengo y a ser más sensible, sintiendo muchas veces impotencia, por sus formas de vivir injustamente y con deseo de cambiar esa realidad.


   Sé que me llamó, no porque era perfecta, sino simplemente porque quería usarme como instrumento. Buscando primero iniciar en mi un proceso de conversión y sanación dejando de  lado las máscaras  que un día usaba, dejando de lado mis miedos para abandonarme a su confianza, dejando de lado mi orgullo para abrirme a su Gracia, dejando de lado mis prejuicios para conocer al otro aceptándolo así como es, sin buscar cambiarlo en nada, finalmente dejando de lado mis intereses personales, para abrirme a su proyecto de amor para con la humanidad.

   Así fui sintiendo su invitación a ser su voz para aquellos que aún no lo conocen, a ser sus manos para tratar con  ternura a quienes me encuentre, a ser su mirada de misericordia para aquellos que se sienten juzgados y olvidados, a ser sus pies para acompañar aquellos que se sienten cansados y sobre todo a tener un corazón como el suyo, donde todos puedan caber y nadie se sienta excluido.    Por eso descubro que ser carmelita misionera es llevar una vida consagrada a ÈL que nos miró con amor y eso significa, una vida unida y mezclada con lo sagrado que Jesús tiene. Estar en Él y


Él en nosotros, hacer un camino de configuración con Cristo, un camino que requiere esfuerzo personal y  gracia divina, donde unida a él busco hacer la voluntad del Padre, donde unida a él rezo con un corazón compasivo como el suyo por las diversas situaciones del mundo, tan unida a él busco actuar según su forma de amar tratando a los demás como él me trata con ternura y misericordia, estando unida a él compartiré la misma suerte que la suya, la suerte de ser rechazada si estoy en una situación determinada, así de igual forma sufriré experimentando muchas veces el abandono y soledad de los amados, donde solo Dios será mi único consuelo, y tan unidamente a él moriré para que  resucite en mí algo nuevo y así los demás descubran en mí el rostro de Cristo.
 
 Por eso ser carmelita misionera significa ser también como María, proclamar como ella las grandezas de Dios en nuestra vida, salir de prisa al encuentro de nuestros hermanos que más necesitan, haciendo de nuestro Si un hágase constante incluso aceptando la cruz en silencio confiando en la voluntad del Padre; por eso el Carmelo es todo de María, ella es la que con su presencia nos protege y anima.

Ser carmelita misionera es también amar la fraternidad en medio de la diversidad , haciendo la experiencia de María que se dejó habitar por el misterio encarnado, solo dejando que Cristo se encarne en nosotras podemos descubrir a  Dios en todas las cosas, desde el jardín de la comunidad, en los recreos y encuentros comunitarios donde gozamos de nuestra vida en medio de experiencias cotidianas, en los detalles fraternos, en la palabra y la  eucaristía de todos los días, lo descubrimos en el pan que compartimos, en el perdón que nos brindamos, en la oración comunitaria, también  en las dificultades que nos presenta la vida, en  la pastoral donde compartimos nuestra riqueza y en la misión de ser testigos de comunión con todos los que se nos acercan.



 Si algunas de estas experiencias suscitan algo en tu corazón, es porque el Carmelo Misionero tiene algo para vos y no tengas miedo que Jesús nunca se equivoca. 

Hna Lourdes Pera,cm

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