lunes, 28 de julio de 2014

Están entre nosotros

Decía Chesterton que, a fin de cuentas, todos los siglos han sido salvados por media docena de hombres que supieron ir contra las corrientes de moda en ese siglo. Los santos forman parte de esa media docena de salvadores del espíritu. Y todos ellos, desde luego han tenido que vivir contra esa corriente del egoísmo y la mediocridad que parecen caracterizar todos los siglos de la historia.

Ahora esa necesidad de vivir contracorriente parece más visible que nunca. Y tal vez por eso muchos se preguntan dónde están los santos de este siglo. Pero lo llamativo es que ningún tiempo se ha enterado de los santos que en el vivían. Para el siglo XIII Francisco de Asís fue uno de tantos exaltados de la época. Y los compañeros de siglo de santa Teresa no vieron en ella más que una monja inquieta y un poco loca. Sólo el paso del tiempo ilumina las auténticas luces.


Tal vez por eso tampoco ahora vemos a los santos que están entre nosotros. Que, gracias a Dios, no faltan. Los asustados de siempre solo ven turbiedades en nuestro tiempo. El bien siempre ha brillado más que el bien, lo mismo que los fuegos artificiales son más visibles que una humilde bombilla. Pero nadie lee a la luz de los fuegos de artificio. Y mucho menos intenta calentarse con ellos.
Si cada siglo se salva por sus santos, buena parte del nuestro se justifica ya en ellos. Y lo que te impresiona es pensar que dentro de cincuenta o de setenta años beatificarán a media docena de compatriotas nuestros hoy. Y que nosotros no nos habremos enterado. Pero fortuna Dios tiene mejores cantalejos.


(Fuente: José Luis Martín Descalzo, “Razones para la esperanza”)

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